El tratamiento del ictus se olvida después del alta del paciente

Las sesiones de rehabilitación después de un accidente isquémico no están previstas ni aseguradas en la sanidad pública. Es por ello que la mitad de las personas que sufre un accidente vascular cerebral termina bien falleciendo o bien con una discapacidad.
«Los pacientes con alta hospitalaria tras sufrir un ictus tienen que ser rehabilitados de manera precoz y urgente, para devolver la mayor plasticidad al sistema nervioso y celular. En los primeros tres meses, eso ya se ha cicatrizado». Exuperio Díez Tejedor, jefe de Neurología del Hospital Universitario de La Paz, de Madrid, e impulsor de la red de ictus en la comunidad, transmite la parte más débil de la atención sanitaria pública al paciente que ha sufrido un accidente vascular.

Asimismo, Juan Francisco Arenillas, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid y director del Programa de Ictus de Castilla y León, hace hincapié en esa parte de la sanidad pública: «Una vez que le damos el alta al paciente, tiene que buscarse la vida. No hay ningún proceso que dé celeridad a esa rehabilitación, nada establecido, ni estandarizado. Cada uno hace lo que puede o va entendiendo. La sanidad pública debería garantizar una rehabilitación de por lo menos los primeros tres meses tras el alta».

Dicha ausencia de convalecencia, lleva al paciente a la sanidad privada donde hay muy buenos medios, como constata Julio Agredano, presidente de la asociación Freno al Ictus, que colabora con la Sociedad Española de Neurología (SEN) para sensibilizar a la población sobre este problema.

Para detallar este problema la SEN ofrece un buen puñado de datos: cada año se producen más de 120.000 ingresos hospitalarios por ictus; es la primera causa de muerte entre las mujeres; una de cada dos personas afectadas por un ictus no se recupera: fallece o tiene secuelas de gran dependencia o incapacidad, y el 35% de las personas que sufren un ictus están en edad laboral.

Dejando al margen la rehabilitación de estos pacientes, sería injusto decir que el Sistema Nacional de Salud no se preocupa. Ciertamente, todas las fuentes consultadas reconocen que se ha avanzado mucho en los últimos años para abordar estos accidentes vasculares con la rapidez que requieren. Las mejoras se pueden ver en la apertura deunidades de ictus hospitalarias. Las comunidades autónomas salen mejor en la foto de lo que salían ayer y sacan pecho al hablar de su red de ictus.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) pide al paciente que cuando reconozca alguno de los síntomas asociados a este accidente (pérdida de fuerza en una parte del cuerpo, dificultad en el habla, en la visión, en el equilibrio, dolor de cabeza brusco, déficit focales) no vaya al hospital, sino que llame al teléfono 112 de urgencias. Cuando la ambulancia llega a casa del enfermo y confirma que está sufriendo un ictus, advierte al hospital de referencia de que tenga todo listo para que se «encuentre el pasillo despejado». Se realiza una Tomografía Computerizada (TC), para descartar que sea un ictus hemorrágico (el 80% son isquémicos), y así poder suministrar la trombolisis farmacológica, un medicamento que se inyecta en las venas, va directamente al trombo y lo deshace, provocando una pequeña explosión.

Esta medicación tiene un periodo ventana de efectividad que los expertos calculan en 4 horas y media tras la identificación de los síntomas. «A la cabeza de esta atención están Madrid y Cataluña. Mientras los servicios más deficientes están en Andalucía, Castilla y León y Galicia. Cada minuto que pasa es cerebro que se pierde», reconoce María Alonso de Leciñana, coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

La SEN y la asociación Freno al Ictus se esmeran en sensibilizar a la población sobre este problema ayudándoles a identificar los síntomas. El 29 de octubre se celebra el Día Mundial del Ictus y durante esta semana están previstos varios actos de concienciación.

«Todos podemos sufrirlo sin esperarlo».

FUENTE: http://blog.dependentia.es/