Depresión en la tercera edad y psicología positiva.

A pesar de que la tercera edad puede ser considerada como una etapa de descanso y de oportunidades para hacer cosas que habían quedado postergadas en anteriores etapas por la crianza de los hijos, el trabajo,… no siempre es así. La pérdida de seres queridos o la incapacidad para participar en actividades que antes realizaba, pueden afectar al bienestar emocional de estas personas y producirle emociones negativas como la tristeza, la ansiedad, la soledad y la baja autoestima, que a su vez, conducen al aislamiento social y a la apatía.

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Los expertos destacan que algunos cambios corporales naturales asociados con el envejecimiento pueden aumentar el riesgo de que una persona experimente depresión. En ese sentido, estudios diversos sugieren que las bajas concentraciones de folato en la sangre y el sistema nervioso pueden contribuir a la depresión, el deterioro mental y la demencia, a la vez, que se sospecha que puede existir una relación entre la aparición de la depresión en la vejez y la enfermedad de Alzheimer.

Las personas deprimidas de la tercera edad también experimentan índices más altos de insomnio. También tienen tiempos de reacción más prolongados que lo normal, lo que aumenta los riesgos asociados con cocinar, conducir, automedicarse y otras tareas que requieren una atención completa.

En cuanto al tratamiento, aunque las terapias de orientación conductual y cognitivo conductual son las que han demostrado mayor eficacia en el tratamiento de la depresión tanto en adultos y niños como en ancianos, actualmente se plantea la existencia de un tratamiento diseñado desde la Psicología Positiva desarrollada por Seligman, que puede resultar tan eficiente como los tradicionales.

La psicoterapia positiva para el tratamiento de la depresión centra su intervención en aspectos como:

  • Fortalezas. Se busca que el paciente identifique sus fortalezas, ver si las reconoce como propias y recordar situaciones en que las ha practicado y cómo se ha sentido con la aplicación de éstas.
  • Hacer y recibir cumplidos. Identificar cualidades y éxitos propios, con el fin de acostumbrar al paciente a hacer halagos a sí mismo. Luego, se le instruye para que vea los aspectos positivos de los otros, obligándolo, de esta manera, a pensar positivamente sobre los demás.
  • Gratitud. Enfocar los momentos agradables que nos dieron satisfacción en el pasado y de aquellas personas que fueron partícipes de éstos. Se enfoca la gratitud como un agradecimiento duradero.
  • Cosas positivas. Valorar las cosas positivas que les suceden día a día, las cuales no deben ser extraordinarias, más bien simples y cotidianas, ya que estas también son importantes e influyen de forma favorable.
  • Perdón. Herramienta capaz de convertir sentimientos negativos, como el odio o la amargura, en sentimientos neutros o positivos para algunos. Se discute la importancia de reconciliarse con el pasado para vivir un mejor presente.
  • Saboreo. Enseñar al paciente el concepto de saborear y de la importancia de tomarse un tiempo en el día para realizar actividades simples y placenteras, como también, formas de hacerlo.
  • Optimismo y esperanza. Recordar que aunque todos pasamos por momentos malos y dolorosos, tras esas experiencias, siempre aparece una esperanza o una luz en el camino, que anteriormente no es vista. Además se analizan las ventajas de ser optimistas. ­

FUENTE: www.aepccc.es