Cuidador/a, aprende a controlar la ira.

La ira se puede expresar en una subida de tono al hablar, una negativa a ayudar, un golpe sobre la mesa o una palabra inapropiada. Estas conductas pueden aparecer de repente, en el calor del momento.

Por eso, cuando la situación está más calmada, puede ir acompañado por el sentimiento de culpa por parte del cuidador, arrepentido de aquel gesto inadecuado.

No hay que olvidar que los cuidadores, ya bien sea familiares o profesionales, ante todo son personas. Por ello, al igual que tú y que yo, van a tener días buenos y otros no tan buenos, por la razón que sea.

Por ejemplo, si el cuidador se ha peleado con otra persona, podrá estar más irascible. O si a la hora de aparcar ha tenido que dar muchas vueltas porque no encontraba plaza, seguramente esté más irritado, etc. Y todo ello, puede influir en el momento en el que se va a cuidar, porque la paciencia puede verse alterada y saltar la “chispa” al mínimo tropiezo.

Todo esto puede provocar alteraciones en el cuidador, nerviosismo, irascibilidad, etc. Es en ese momento cuando puede dar una mala respuesta o realizar un mal gesto, que en otras circunstancias, y con más calma, no haría.

El sentimiento de ira va un poco más allá, se pueda expresar de la misma forma: como una emoción explosiva e incontrolada. Pero que “a posteriori” genera culpabilidad y arrepentimiento.

Cuando el cuidador y la persona cuidada no llegan a un entendimiento, las situaciones de estrés del día a día, el cansancio acumulado o la frustración, son los principales motivos que pueden hacer que se experimente ira.

ira

¿Qué hacer ante una explosión de ira?

Una vez identificado el problema hay que ponerle solución, y trabajar en cuanto a la expresión de la ira. Porque sino se aprender de forma correcta se producen esas situaciones de descontrol que pueden llevar a salidas de tono, gestos inapropiados o golpes a objetos.

Cuando la persona sienta rabia lo primero que tiene que hacer es salir de la habitación donde se encuentra la persona cuidada, y darse un poco de tiempo. Es recomendable realizar respiraciones profundas, de forma que “despeje su mente” y le de tiempo a recuperar la tranquilidad. Igualmente, salir de compras, dar un paseo o practicar ejercicio, son soluciones que ayudan a rebajar la tensión y permite que el cuidador tenga tiempo para reflexionar sobre sus sentimientos.

También ayuda compartir lo que se piensa y se siente con alguna persona de confianza, es decir, “desahogarse”. De esta forma se libera la rabia de una manera sana, lo que hará que no se produzcan “roces”, ni que salten “chispas” con la persona cuidada.

FUENTE: cuidadores.unir.net