Las necesidades socio-afectivas de las personas con discapacidad

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) más de mil millones de personas viven en todo el mundo con alguna discapacidad, de ellas, unos doscientos millones experimentan dificultades considerables en su día a día.

Educar la afectividad de las personas con discapacidad, sobre todo, discapacidad intelectual, contribuye de forma positiva a que aprendan a conocerse, a ser conscientes de que la presencia de la discapacidad puede alterar ciertos funcionamientos. Por eso es fundamental que aprendan a quererse y a aceptarse desde sus diferencias. Es esencial que logren expresar sus sentimientos de manera satisfactoria para ellos y para su entorno.

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En general, la discapacidad no afecta a la libido de una persona y sólo condiciona parcialmente su nivel de funcionamiento. Sin embargo, la discapacidad intelectual puede afectar las habilidades de comunicación, la imagen de uno mismo, pudiendo llegar a ser un condicionante de su vida emocional.

En las relaciones socio-afectivas, lo más importante está en el reconocimiento de que la formación de una persona, sus sueños, sus proyectos y sus vínculos con sus semejantes,  van a incluir también la parte en la que se desarrolla su vida sexual. A través del diálogo y la reflexión sobre los conocimientos y sentimientos que esto implica, podemos tener un potente instrumento de inclusión y solidaridad con las personas discapacitadas, contribuyendo así para que tengan una vida digna, justa y placentera.