Al volante, hasta que los dolores nos separen.

La historia de Bob Edwards recorrió hace unos meses medio planeta cuando trascendió que este neozelandés, de 105 años, era el conductor más longevo de su país. Después de 88 años conduciendo, todavía sigue poniéndose al volante, tres veces por semana al menos, para recorrer los 15 kilómetros que separan su casa de una tienda.

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El número de personas mayores de 65 años que conservan su permiso de conducir crece sin cesar, no son tantos los que con más de 80 años conservan las capacidades psicofísicas adecuadas para manejar sus propios vehículos con seguridad.

Aún así, disponer de coche proporciona más libertad a unos mayores cada vez más activos y, en algunos casos, reacios a pasar a ser un peatón más.

La directora general de Tráfico, María Seguí, ya alzó la voz de alarma el pasado septiembre, durante la presentación del último balance anual de tráfico, porque los conductores más mayores son prácticamente el único colectivo en el que ha aumentado el número de víctimas mortales por accidente.

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En concreto, según el estudio Mayores al volante, el 56% de los mayores de 65 años conducen al menos cuatro días a la semana —el 42,4%, seis o más días—, mientras que un 12% conduce menos de dos días por semana. Y solo un tercio ha dejado definitivamente de conducir.