El retiro dorado, en crisis.

La mayoría de los pensionistas han dejado las residencias desde el principio de la crisis económica. Es un goteo de abandonos, forzados por la precariedad económica familiar, que deja en suspenso el concepto de jubilación dorada que se había consolidado en las últimas dos décadas.

Se conocen casos como el de Carmen, la cual llevaba varios años en un geriátrico. Se encontraba bien allí, pero se ha ido a vivir al piso que aún conservaba con su hija. Esta, separada y con una niña, se quedó en el paro y sin recursos para subsistir. Viven de los 1.100 euros de pensión de la abuela mientras la madre no consiga un empleo. Carmen podría ser un ejemplo. Aún con buena salud, se había ido a la residencia tras enviudar y con las hijas independizadas.

Pero existen casos peores, Isabel, enfermera especializada en geriatría que trabaja en un pequeño municipio del área de Barcelona, cuenta que una familia se interesó por ingresar a una anciana en el centro de día que tiene su residencia. Fue a su casa y se encontró con una pareja de unos 50 años que convivía con cuatro ancianos. A dos los habían ido a buscar a un geriátrico de Alicante.

“No sé qué suma mensual reunían con las cuatro pensiones, pero vivían en condiciones precarias, la mujer se quejaba de que tiene mala salud y le resulta difícil cuidar de los jubilados. Una era muy dependiente”, explica.

1Son muchos los jubilados que ya no ingresan en una residencia para no gastar en ello su dinero, porque con su pensión y otras prestaciones contribuyen ya a mantener a la familia, porque esperan plaza en un centro público (hay largas esperas) y no pueden costearse uno privado o porque esperan recibir la prestación de la ley de Dependencia.

“Hasta cierto punto no es ético, si esa persona está mejor en una residencia, tenerla en casa, pero si hay una necesidad en la familia, los mayores estamos ahí para ayudar, lo que pasa es que de repente nos hemos convertido en un importante colchón –y el Gobierno lo sabe–.

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